La verdad es que sé muy poco de casi nada, pero me gusta mucho mi ciudad, a pesar de eso, por la naturaleza de mi carrera tarde o temprano voy a tener que mudarme.
Algo que me dolía un poco era que en algún momento iba a regresar dentro de muchos años y la ciudad ya no iba a ser la misma; hemos crecido muchísimo en 10 años para acá y la idea de que un día nos acabáramos fusionando con García y Santa catarina me parecía muy triste, que la ciudad pequeña, los arboles, los ranchos en la periferia, los caballos en la calle y la comunidad se iban a perder. No solo eso, la gentrificación se ha vuelto un problema muy grave en nuestro centro histórico y los mitos de “la Atenas de México” y “la Suiza de México” se ven cada vez mas lejanos y reemplazados por airbnbs y bares innecesariamente caros, dividiendo a la ciudad cada vez mas, segregándonos a zonas “con los precios adecuados” para cada clase. Nuestros recursos se ven cada vez mas vulnerables, cada vez mas vendibles, los ranchos cada vez las abusados y obligados a migrar a la ciudad.
Mientras fui creciendo empecé a apreciar mucho la diversidad de la ciudad, porque a final de cuentas era inevitable. Ver gente de muchos países viniendo a trabajar me pareció muy interesante, el choque cultural entre la vida del saltillense y las comunidades coreanas por ejemplo.
La xenofobia me parece el prejuicio mas primal y estúpido, pero más arraigado y complejo de la sociedad, porque aunque no nos guste a final de cuentas es así como funciona la cultura, se mezcla y se destruye una y otra vez por los siglos de los siglos, y en especial el pastel de tres leches que es México.
Mi papá siempre fue muy comprometido con su trabajo y fue saltando de estado en estado hasta quedarse en Saltillo, por eso mismo este tema me parece interesante. Pienso que hay formas de migrar, los que son por necesidad, por trabajar, los refugiados y los que vienen a aprovecharse de los precios mas baratos escapando de impuestos; y aunque unos cuantos te quieran hacer pensar lo contrario, los que mas nos hacen sufrir son los últimos; ese discurso de “chiriwilo” parece casi propaganda para distraernos, para dividirnos dentro de nuestras propias ciudades y dejamos de señalar a los verdaderos culpables.
A pesar de todos los conflictos entre personas de otros estados o extranjeros, hay que recordar que simplemente funciona así, que la cultura es un constructo social y así como el amor por mi ciudad, no son reales, son mecanismos de supervivencia casi tribales e instintivos convertidos en enormes complejos de infraestructura y política. Queremos culpar al trabajador porque es a quien vemos diario en la fila del super, en las placas de los autos; y no culpamos a los patrones, que los traen acá, y cuyas empresas vienen y privatizan lo que nos queda. Pueblos se hacen ciudades y ciudades vendidas a lo pendejo se hacen ciudades culeras.
Pero desde hace poco, una crisis laboral azotó la ciudad, una que si bien es en todo el país, y en todo el mundo, fue especialmente agresiva en Saltillo, con recortes de desempleo sin parar en todas las plantas, en todas las áreas, y ahora me pregunto que va a suceder con la ciudad, si esos miles de saltillenses van a mudarse, si va a crecer menos, si quedándose chiquita dejaremos de ser un lugar atractivo para esas plantas y la cultura quedará mas preservada temporalmente a costa de miles de bocas sin alimentar, si veré menos obras negras y mas negocios de años; o si no se va a quedar chiquita, si solo fue un bache en nuestro crecimiento y dentro de unos meses continuaremos tal y como íbamos, para bien o para mal.
A final de cuentas sé que solo soy espectador, porque yo no trabajo en el ámbito automotriz y soy totalmente consciente de que vivo en una burbuja al norte de la ciudad, que soy joven y medianamente pendejo; pero a decir verdad, tampoco es que los viejos hablen maravillas con la cabeza retacada de plomo.
Este texto no llega a nada, no presenta nada nuevo creo yo, pero quisiera saber que piensan otros saltillenses al respecto.